De muerte, en medio del pecho, ver tu sangre regada por todos lados y ver tus ojos con la última luz.
Sin escrúpulo y culpa alguna herir, verte con el miedo salir por tus lágrimas y con tus labios temblando suplicando un poco de piedad.
El caballo de media noche vendrá, y tu cuerpo quedará en el frío, y sufriendo esperaras mi partida, pues ahí sin nombre que recuerdes verás mi silueta maligna y me despediré con la más cruel de las sonrisas.
Tanta maldad en un cuerpo ya no cabe, tanta paz sublimada por ira no es posible de sostener, y el orgullo gallardo del andar impide que estos pensamientos perversos ronden cada neurona.
Perverso y nocturno este pensamiento, hiriente y doloroso es escribir cada sentimiento.
Volvería a mirar tus ojos, suplicarte tiempo detenido en un segundo, solo para ver tu espíritu salir, despilfarraría cada indulgencia por llegar al infierno bien merecido, acribillando cada pedazo de inocente alma con la esperanza de verte rendido.
De muerte, sin corazón, sin anestesia, sin un farmaco que reduzca tu dolor, así, a los ojos, vería tu aliento perderse con la inmensidad del sueño.
De este sueño perverso
caminado de lejos y de cerca
tus ojos perdidos
mi conciencia enterrada
por que tú y yo
somos la cuestionante más grande para la muerte
Por que tú y yo no tenemos fin
por que hoy un pensamiento perverso te pienso
por que hoy debes de tenerme miedo.
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