A veces te quiero, hay noches que no.
Algunas veces te quiero, pero solo a veces siento que me quieres.
Hay mañanas que amanezco con tu nombre en la piel
pero tu dolor me hace borrarlo.
Hay noches que contigo quisiera dormir
Otras noches de ti me quiero ir.
Algunas veces te dejo libre y te aviento a la deriva
pero esos días son los días que me quieres.
Y no puedo evitar quererte, otra vez.
Te espero en la banca donde te vi sentado tardes pasadas
espero que vuelvas y nos conozcamos otra vez.
Te quiero, y algunas veces lo hiciste.
Lo hiciste y algunas vez no tenía fuerza para hacerlo.
Algunas veces te miré en mis sueños,
algunas otras como hoy te saco de mi vida y del corazón .
miércoles, 29 de enero de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
Inexplicable
Así es, inexplicable en su entereza,tiene los ojos fijos, y la sonrisa sincera, las manos fuertes y el alma buena.
Tiene un corazón valiente, y la fragilidad de un párvulo.
Gallardo su andar, y distraída su figura.
Anatomía intensa, y así como perdurable a la memoria.
Se me escapaban los suspiros al mirarle concentrado, en mi pecho azota su mirada y un eco retumbaba por mi ser cuando su voz es recordada.
Es inexplicable, la música le acompaña,adorna el mundo con el suyo, rompe el cielo con su silueta.
Es sublime, espiritual, pero por más que lo analice, no, no lo podré explicar.
Que torpeza la mía por quererle nombrar,no encontré los versos, ni las letras correctas; busqué en notas, en acordes; incluso en sinfonías y no, no le podía nombrar, todo queda sin concordar, sin llenar esa silueta, sin llenar ese mar.
Ahí va, frente a mi, y yo detrás de este cristal, despido su caminar, como despido al sol cuando veo la luna brillar, ahí va, ahora solo disfruto, no quiero descifrar, aquel misterio hecho carne, aquel ser humano hecho ensoñación.
Tiene un corazón valiente, y la fragilidad de un párvulo.
Gallardo su andar, y distraída su figura.
Anatomía intensa, y así como perdurable a la memoria.
Se me escapaban los suspiros al mirarle concentrado, en mi pecho azota su mirada y un eco retumbaba por mi ser cuando su voz es recordada.
Es inexplicable, la música le acompaña,adorna el mundo con el suyo, rompe el cielo con su silueta.
Es sublime, espiritual, pero por más que lo analice, no, no lo podré explicar.
Que torpeza la mía por quererle nombrar,no encontré los versos, ni las letras correctas; busqué en notas, en acordes; incluso en sinfonías y no, no le podía nombrar, todo queda sin concordar, sin llenar esa silueta, sin llenar ese mar.
Ahí va, frente a mi, y yo detrás de este cristal, despido su caminar, como despido al sol cuando veo la luna brillar, ahí va, ahora solo disfruto, no quiero descifrar, aquel misterio hecho carne, aquel ser humano hecho ensoñación.
viernes, 10 de enero de 2014
Encuentro
Sus ojos sin duda atravesaron en un segundo todo el horizonte de aquella tierra lejana, cubierta por arena, y con espaciadas palmeras para reposar.
Sus ojos se hacían parte de la noche estrellada, en silencio contemplaba aquellas luces terrestres que alumbraban un pequeño pueblo, se había alejado de su palacio, se despojo de sus ropas y vistió de manta blanca, sonrió para si mismo y tocó su corazón, lo sintió casi salir del pecho, dentro de él los latidos hacían un eco de emoción, en silencio observaba, sentía su corazón palpitar, sonría, de lejos con sus implacables ojos recorría el pueblo, sabía que ahí estaba quien sin saber buscaba, buscaba desde hace ya un tiempo, que antes de encontrar de frente en silencio aquella noche estrellada el disfrutaba.
El viento resoplaba, el agua corría e inmóvil se encontraba, no escuchaba, sentía cada vibración del mundo, cada poro de su piel se convirtió en un receptor, emanaba emociones, segregaba sensaciones, todas escurrían hasta llegar al suelo, nutrían la tierra, así es como él, Zilef mientras inmóvil se encontraba de la tierra seguía siendo parte, no dejaba de funcionar, podía estar estático, tal vez perdido, pero no ajeno, pues podía ser que sus ojos y mirada en distancia se encontraban pero su alma siempre será parte del eje del mundo.
-Se escondió la luna, las estrellas de esa noche se despidieron de sus ojos, las estrellas una a una lo observaban, quedaban maravilladas con sus pestañas, con la determinación que miraban aquel pueblo, la luna le beso y Zilef le pidió que volviera en la noche más llena y brillante que nunca "Hoy es el día que no esperaba, pero que sabía que vendría", ven esta noche a alumbrarme a hacerme compañía que esta noche miraré alegrías.
La Luna se escondió, radiante dominante el Sol llegó, excitó la arena con sus rayos, creó la unión de su energía con cada ser que en el mundo rige, observó a Zilef, calentó su piel de canela, abrazó sus anhelos, mientras que en aquel pueblo unos ojos pequeños despertaron...
Allá en el pueblo...
Nadie sabía quien era, de donde venía, nadie incluyendo a ella; como todas mañanas un par de ojitos pequeños se abrieron, estiró los dedos de sus manos, miró al cielo, una vez más lo confundió con el mar, sonrió, el sol le saludo, cubrió su cabeza, se levantó de la arena y como todos los días se dispuso a caminar, a andar desde norte al sur, perdiendo el sentido de los puntos cardinales guiándose con el aire que alborotaba su cabello, así inició su mañana en silencio.
Cuando salió del pueblo ya en la frontera, ahí donde el desierto siempre te espera comenzó su hablar, daba los buenos días a las escasas palmeras, saludaba a las nubes que con suerte le regalarían sombra, y de pronto una criatura majestuosa que ya había visto antes se poso frente a ella, consternada por la majestuosa presencia de aquel elefante solo pudo sonreír, de sus labios salió una mágica palabra: Ocinú, el paquidermo en señal de acierto barritó fuerte y alegre -Zilef desde donde miraba en la noche escuchó la señal de Ocinú, ella ya había sido encontrada-.
Sin nombre así me referiré a ella por que llamarla "Sin nombre" contradiría todo, Sin nombre, siempre observada, mujer, pero nadie la llamaba, ella en los espejos del agua se observaba se perdía en sus ojos pero no descifraba nada, no supo como pero ese día de su boca, desde lo hondo de su garganta pronunció Ocinú, supo que el aquel nombre lo había producido su corazón, no dijo más, se acercó a Ocinú abrazó su trompa y continuó su andar, ahora acompañada, esa mañana ella ya no estaba sola, ya no se sentía sola, sabía que se encontraba con un elefante al cuál podía llamar, al cual le podía platicar.
-Yo ya te había visto, habíamos entrado en aquel palacio, y recuerdo al otro elefante, negro e imponente, transportaba a alguien, después nos separamos sentí miedo, las ondinas me trajeron a este nuevo pueblo, fueron amables, fueron dulces y me dieron seda para vestir, me siento confundida, siento como si aquel día estuviera lejano de hoy, llegué a creer que todo había sido un sueño borroso con el aturdimiento del sol que a veces me provoca, no logro entender -calló por largo rato tratando de asimilar ese día- No se, eres real, tan real como soy yo, y ese día es tan real que en mi memoria se guardó.
Anduvieron toda la mañana dejando pisadas en la arena, hasta que encontraron un oasis, Ocinú se detuvo a beber agua, la mujer sin nombre, se enterneció ante la presencia del agua, desnudo su cuerpo y se sumergió en las ondas del agua, sacó su cabeza, y comenzó a recitar:
En tus ondas me hago verdad
me siento acogida y mi cuerpo se hace real
elevo en ti lo que en cielo he de sumergir
en la frescura revelo mis anhelos
agua, tu nombre lle llena el alma.
Sin ti me siento ahogada,
contigo me siento liberada,
en tus ondas me hago verdad,
en tus ondas soy fantasía, soy más real.
Salió del agua Ocinú la esperaba con ropa de manta de colores, ella agradecida vistió, pero al salir del agua una nostalgia la inundó, caminaron hasta el final del atardecer, en silencio a partir del encuentro con oasis anduvo, el tiempo pasó, y ella su mirar iba perdiendo al paso que la tarde se iba despidiendo, se detuvo a mirar el horizonte a ver como el Sol se alejaba, el Sol acarició su rostro y ella sin pensarlo se hincó a llorar, acariciaba la arena y la humedecía con sus lágrimas, ella lloraba con dolor en el alma, lloraba tal vez sin motivo, pero si con sentimiento, sus ojos alegres se perdieron entre tanta agua, poco a poco se recostó en la arena sus pies pálidos desnudos estaban, su ropa de colores se perdía entre tantas lágrimas, Ocinú solo a observaba, el sol pintaba el cielo naranja, ella lloraba, de pronto una sombra la cubrió, una sombra humana, la levantó, de los hombros la cogió, ella no podía ver nítida la figura que la había levantado tantas lágrimas le nublaban la vista, era Zilef quien la había levantado, miró al Sol y dijo en voz alta: Ya estoy aquí, vete y dile a la Luna que venga, no te preocupes por ella ya estoy yo aquí para darle cálida compañía ahora vete y descansa ya la has acompañado demasiado, mañana al alba su nombre por fin será pronunciado.
Ella lloraba, Zilef la miraba y miraba como humedecía la arena, la luna apareció, Zilef sonrió, puso sus manos debajo de las mejillas de ella y poco a poco acercó sus palmas a los ojos de ella, los cerró con cuidado y un silencio prominente invadió al noche, ella callo dormida a la arena, Ocinú se recostó a un lado, Zilef la miró, sintió su corazón casi salir de su pecho, la sangre se le evaporó, la luna contempló.
En el desiertó las noches suelen ser eternas así como los días, esa noche duró más de un día, Zilef sabía que no era una alteración del tiempo tan solo la complacencia de la tristeza de ella, el descanso del Sol concedido por las galaxias pos haber cuidado tanto de la mujer Sin nombre, ahora, poco a poco los ojos de Sin nombre se abrieron, se levantó callada y extrañada, Ocinú detrás de ella como un guardia ahí estaba, quedó estática, su ropa de colores como congelada se encontraba y frente a ella ahí estaba él, Zilef, con Ronoh, el elefante negro había visto el día en que entró al palacio, atónita los miraba, en su cara una sonrisa cosquilleaba, Zilef en silencio la contemplaba, y el mundo se paralizó, por fin se encontraron, por fin se miraban cara a cara, frente a frente , alma con alma, ahí dos seres sencillos de complejidad inexplicable estaban, de colores y manta blanca, ambos con paquidermos a sus espaldas, el mundo se paralizó, el mundo disfrutó el encuentro.
Se miraron, de sus figuras disfrutaron
-¿quién eres?
-Zilef de Marjesván
-¿Quién soy?
-Quien anda por la vida, quien cree estar pedida pero siempre la han encontrado.
-¿Quién es él?
-Es Ronoh
-¿Tu eras aquel que transportaba el día en que había fiesta en el palacio?
-Si, el mismo.
-¿Qué se celebraba? ¿Por que las caravanas?
-Por que esperábamos tu llegada.
Ella lo miró, ella intentó explicarse todo lo que escuchó pero no lo logró, solo sintió la emoción de haber sido encontrada, era la primera vez que ella en aquella tierra desértica observaba el cielo estrellado, que miraba la luna, es que siempre ella lloraba al terminar la tarde y caía inconsciente a dormir hasta que el sol le anunciaba el amanecer, ese era el ciclo diario, maravillada disfrutó la noche- Vamos es hora de partir- dijo Zilef, se subió en Ronoh y Ocinú subió su lomoa Sin nombre, y así de noche, con la bendición de la Luna partieron, los elefantes dejaban huellas y el destino una vez más había cumplido.
Durante su camino no hablaron, ella observaba maravillada, y Zilef se deleitaba con el asombro de ella, las estrellas se enamoraban de los ojos de Zilef, y la Luna se cautivó por los colores que aquella mujer vestía.
Esa noche fue la más larga que el mundo había dormido, Zilef despidió a la Luna, despidió a los sueños de los habitantes, besó las estrellas por haber alumbrado el camino, y esperó la llegada del Sol, ella con una reverencia se despidió de la Luna y su piel abrazó el primer rayo de Sol, se recostó en el lomo de Ocinú cerró sus ojos y se dedicó a la unión de cada uno de sus poros con los rayos del sol, hasta que de pronto Ocinú la interrumpió cuando fuerte barritó, le siguió Ronoh, ella se sentó enseguida algo asustada pues el movimiento de Ocinú había sido un poco fuerte, giró su cuerpo tratando de controlar a Ocinú, Zilef entre risas dijo: La felicidad no se puede controlar mucho menos la de ellos, sin entender las palabras de Zilef la mujer Sin nombre levanto la vista y su corazón quedó congelado, "el cielo se ha caído"-pensó, sus ojos se perdieron en la inmensidad azul que frente a ella se encontraba, Ocinú se inclinó para que bajara, Zilef ayudo a que bajará, Zilef con su preciosa sonrisa la miraba, y susurró a su oídi: No es es el cielo, es el Mar.
Ella miró a los ojos a Zilef, observaba a Ocinú y Ronoh jugar en el agua, sus piernas temblaban, se soltó de los brazos de Zilef, descubrió su cabello arrojó al aire el manto de seda que las ondinas le habían dado y se incorporó al mar, corrió sobre la arena y sintió que aquellas olas que azotaban en la orilla, azotaban dentro de su corazón, al llegar a la orilla se metió con su ropa de manta al agua, lloró, sintió como las gotas saladas de sus ojos se hacían parte de esa inmensidad, abrazó la grandeza azul que la envolvía y se puso a recitar
En tus ondas me hago verdad
me siento acogida y mi cuerpo se hace real
elevo en ti lo que en cielo he de sumergir
en la frescura revelo mis anhelos
agua, tu nombre lle llena el alma.
Mar sin conocerte estaba
Sin ti me sentía ahogada,
contigo me siento liberada,
en tus olas me hago verdad,
en tus olas soy fantasía,
sin saber de ti sabía que me hacías falta,
en tus olas soy más real.
Ais Atnaf - dijo Zilef- y el corazón de ella brincó de alegría, volteó al llamado de Zilef, y él acento con la cabeza y dijo: Así es, sin saberlo respondiste a tu nombre, por que tu alma entera sabe que esa eres tú, Ais Atnaf corrió con Zilef, lo abrazó, el mar la empujó y con voz fuerte mirándolo de cerca a los ojos, y hablándole al alma
-Sin definirme anduve, pero siempre supe que encontraría mi lugar, pero mi imaginación nunca me dio alcance para imaginar la grandeza de donde estoy ahora mismo, Zilef me condujiste hasta aquí, Ocinú me llevó al palacio y me llenó de alegría, fui anónima esa tarde, cuando nadé con las ondinas en aquel estanque de azulejos creí que estaba soñando, es por eso que al Sol siguiente creí que no había sucedido, hoy frente a ti, comprendo que somos reales, que has salido del palacio a buscarme, que vives, y que hoy el mundo sabe que nos hemos encontrado.
Ambos miraron el horizonte y supieron que quedaba mucho que recorrer.
Sus ojos se hacían parte de la noche estrellada, en silencio contemplaba aquellas luces terrestres que alumbraban un pequeño pueblo, se había alejado de su palacio, se despojo de sus ropas y vistió de manta blanca, sonrió para si mismo y tocó su corazón, lo sintió casi salir del pecho, dentro de él los latidos hacían un eco de emoción, en silencio observaba, sentía su corazón palpitar, sonría, de lejos con sus implacables ojos recorría el pueblo, sabía que ahí estaba quien sin saber buscaba, buscaba desde hace ya un tiempo, que antes de encontrar de frente en silencio aquella noche estrellada el disfrutaba.
El viento resoplaba, el agua corría e inmóvil se encontraba, no escuchaba, sentía cada vibración del mundo, cada poro de su piel se convirtió en un receptor, emanaba emociones, segregaba sensaciones, todas escurrían hasta llegar al suelo, nutrían la tierra, así es como él, Zilef mientras inmóvil se encontraba de la tierra seguía siendo parte, no dejaba de funcionar, podía estar estático, tal vez perdido, pero no ajeno, pues podía ser que sus ojos y mirada en distancia se encontraban pero su alma siempre será parte del eje del mundo.
-Se escondió la luna, las estrellas de esa noche se despidieron de sus ojos, las estrellas una a una lo observaban, quedaban maravilladas con sus pestañas, con la determinación que miraban aquel pueblo, la luna le beso y Zilef le pidió que volviera en la noche más llena y brillante que nunca "Hoy es el día que no esperaba, pero que sabía que vendría", ven esta noche a alumbrarme a hacerme compañía que esta noche miraré alegrías.
La Luna se escondió, radiante dominante el Sol llegó, excitó la arena con sus rayos, creó la unión de su energía con cada ser que en el mundo rige, observó a Zilef, calentó su piel de canela, abrazó sus anhelos, mientras que en aquel pueblo unos ojos pequeños despertaron...
Allá en el pueblo...
Nadie sabía quien era, de donde venía, nadie incluyendo a ella; como todas mañanas un par de ojitos pequeños se abrieron, estiró los dedos de sus manos, miró al cielo, una vez más lo confundió con el mar, sonrió, el sol le saludo, cubrió su cabeza, se levantó de la arena y como todos los días se dispuso a caminar, a andar desde norte al sur, perdiendo el sentido de los puntos cardinales guiándose con el aire que alborotaba su cabello, así inició su mañana en silencio.
Cuando salió del pueblo ya en la frontera, ahí donde el desierto siempre te espera comenzó su hablar, daba los buenos días a las escasas palmeras, saludaba a las nubes que con suerte le regalarían sombra, y de pronto una criatura majestuosa que ya había visto antes se poso frente a ella, consternada por la majestuosa presencia de aquel elefante solo pudo sonreír, de sus labios salió una mágica palabra: Ocinú, el paquidermo en señal de acierto barritó fuerte y alegre -Zilef desde donde miraba en la noche escuchó la señal de Ocinú, ella ya había sido encontrada-.
Sin nombre así me referiré a ella por que llamarla "Sin nombre" contradiría todo, Sin nombre, siempre observada, mujer, pero nadie la llamaba, ella en los espejos del agua se observaba se perdía en sus ojos pero no descifraba nada, no supo como pero ese día de su boca, desde lo hondo de su garganta pronunció Ocinú, supo que el aquel nombre lo había producido su corazón, no dijo más, se acercó a Ocinú abrazó su trompa y continuó su andar, ahora acompañada, esa mañana ella ya no estaba sola, ya no se sentía sola, sabía que se encontraba con un elefante al cuál podía llamar, al cual le podía platicar.
-Yo ya te había visto, habíamos entrado en aquel palacio, y recuerdo al otro elefante, negro e imponente, transportaba a alguien, después nos separamos sentí miedo, las ondinas me trajeron a este nuevo pueblo, fueron amables, fueron dulces y me dieron seda para vestir, me siento confundida, siento como si aquel día estuviera lejano de hoy, llegué a creer que todo había sido un sueño borroso con el aturdimiento del sol que a veces me provoca, no logro entender -calló por largo rato tratando de asimilar ese día- No se, eres real, tan real como soy yo, y ese día es tan real que en mi memoria se guardó.
Anduvieron toda la mañana dejando pisadas en la arena, hasta que encontraron un oasis, Ocinú se detuvo a beber agua, la mujer sin nombre, se enterneció ante la presencia del agua, desnudo su cuerpo y se sumergió en las ondas del agua, sacó su cabeza, y comenzó a recitar:
En tus ondas me hago verdad
me siento acogida y mi cuerpo se hace real
elevo en ti lo que en cielo he de sumergir
en la frescura revelo mis anhelos
agua, tu nombre lle llena el alma.
Sin ti me siento ahogada,
contigo me siento liberada,
en tus ondas me hago verdad,
en tus ondas soy fantasía, soy más real.
Salió del agua Ocinú la esperaba con ropa de manta de colores, ella agradecida vistió, pero al salir del agua una nostalgia la inundó, caminaron hasta el final del atardecer, en silencio a partir del encuentro con oasis anduvo, el tiempo pasó, y ella su mirar iba perdiendo al paso que la tarde se iba despidiendo, se detuvo a mirar el horizonte a ver como el Sol se alejaba, el Sol acarició su rostro y ella sin pensarlo se hincó a llorar, acariciaba la arena y la humedecía con sus lágrimas, ella lloraba con dolor en el alma, lloraba tal vez sin motivo, pero si con sentimiento, sus ojos alegres se perdieron entre tanta agua, poco a poco se recostó en la arena sus pies pálidos desnudos estaban, su ropa de colores se perdía entre tantas lágrimas, Ocinú solo a observaba, el sol pintaba el cielo naranja, ella lloraba, de pronto una sombra la cubrió, una sombra humana, la levantó, de los hombros la cogió, ella no podía ver nítida la figura que la había levantado tantas lágrimas le nublaban la vista, era Zilef quien la había levantado, miró al Sol y dijo en voz alta: Ya estoy aquí, vete y dile a la Luna que venga, no te preocupes por ella ya estoy yo aquí para darle cálida compañía ahora vete y descansa ya la has acompañado demasiado, mañana al alba su nombre por fin será pronunciado.
Ella lloraba, Zilef la miraba y miraba como humedecía la arena, la luna apareció, Zilef sonrió, puso sus manos debajo de las mejillas de ella y poco a poco acercó sus palmas a los ojos de ella, los cerró con cuidado y un silencio prominente invadió al noche, ella callo dormida a la arena, Ocinú se recostó a un lado, Zilef la miró, sintió su corazón casi salir de su pecho, la sangre se le evaporó, la luna contempló.
En el desiertó las noches suelen ser eternas así como los días, esa noche duró más de un día, Zilef sabía que no era una alteración del tiempo tan solo la complacencia de la tristeza de ella, el descanso del Sol concedido por las galaxias pos haber cuidado tanto de la mujer Sin nombre, ahora, poco a poco los ojos de Sin nombre se abrieron, se levantó callada y extrañada, Ocinú detrás de ella como un guardia ahí estaba, quedó estática, su ropa de colores como congelada se encontraba y frente a ella ahí estaba él, Zilef, con Ronoh, el elefante negro había visto el día en que entró al palacio, atónita los miraba, en su cara una sonrisa cosquilleaba, Zilef en silencio la contemplaba, y el mundo se paralizó, por fin se encontraron, por fin se miraban cara a cara, frente a frente , alma con alma, ahí dos seres sencillos de complejidad inexplicable estaban, de colores y manta blanca, ambos con paquidermos a sus espaldas, el mundo se paralizó, el mundo disfrutó el encuentro.
Se miraron, de sus figuras disfrutaron
-¿quién eres?
-Zilef de Marjesván
-¿Quién soy?
-Quien anda por la vida, quien cree estar pedida pero siempre la han encontrado.
-¿Quién es él?
-Es Ronoh
-¿Tu eras aquel que transportaba el día en que había fiesta en el palacio?
-Si, el mismo.
-¿Qué se celebraba? ¿Por que las caravanas?
-Por que esperábamos tu llegada.
Ella lo miró, ella intentó explicarse todo lo que escuchó pero no lo logró, solo sintió la emoción de haber sido encontrada, era la primera vez que ella en aquella tierra desértica observaba el cielo estrellado, que miraba la luna, es que siempre ella lloraba al terminar la tarde y caía inconsciente a dormir hasta que el sol le anunciaba el amanecer, ese era el ciclo diario, maravillada disfrutó la noche- Vamos es hora de partir- dijo Zilef, se subió en Ronoh y Ocinú subió su lomoa Sin nombre, y así de noche, con la bendición de la Luna partieron, los elefantes dejaban huellas y el destino una vez más había cumplido.
Durante su camino no hablaron, ella observaba maravillada, y Zilef se deleitaba con el asombro de ella, las estrellas se enamoraban de los ojos de Zilef, y la Luna se cautivó por los colores que aquella mujer vestía.
Esa noche fue la más larga que el mundo había dormido, Zilef despidió a la Luna, despidió a los sueños de los habitantes, besó las estrellas por haber alumbrado el camino, y esperó la llegada del Sol, ella con una reverencia se despidió de la Luna y su piel abrazó el primer rayo de Sol, se recostó en el lomo de Ocinú cerró sus ojos y se dedicó a la unión de cada uno de sus poros con los rayos del sol, hasta que de pronto Ocinú la interrumpió cuando fuerte barritó, le siguió Ronoh, ella se sentó enseguida algo asustada pues el movimiento de Ocinú había sido un poco fuerte, giró su cuerpo tratando de controlar a Ocinú, Zilef entre risas dijo: La felicidad no se puede controlar mucho menos la de ellos, sin entender las palabras de Zilef la mujer Sin nombre levanto la vista y su corazón quedó congelado, "el cielo se ha caído"-pensó, sus ojos se perdieron en la inmensidad azul que frente a ella se encontraba, Ocinú se inclinó para que bajara, Zilef ayudo a que bajará, Zilef con su preciosa sonrisa la miraba, y susurró a su oídi: No es es el cielo, es el Mar.
Ella miró a los ojos a Zilef, observaba a Ocinú y Ronoh jugar en el agua, sus piernas temblaban, se soltó de los brazos de Zilef, descubrió su cabello arrojó al aire el manto de seda que las ondinas le habían dado y se incorporó al mar, corrió sobre la arena y sintió que aquellas olas que azotaban en la orilla, azotaban dentro de su corazón, al llegar a la orilla se metió con su ropa de manta al agua, lloró, sintió como las gotas saladas de sus ojos se hacían parte de esa inmensidad, abrazó la grandeza azul que la envolvía y se puso a recitar
En tus ondas me hago verdad
me siento acogida y mi cuerpo se hace real
elevo en ti lo que en cielo he de sumergir
en la frescura revelo mis anhelos
agua, tu nombre lle llena el alma.
Mar sin conocerte estaba
Sin ti me sentía ahogada,
contigo me siento liberada,
en tus olas me hago verdad,
en tus olas soy fantasía,
sin saber de ti sabía que me hacías falta,
en tus olas soy más real.
Ais Atnaf - dijo Zilef- y el corazón de ella brincó de alegría, volteó al llamado de Zilef, y él acento con la cabeza y dijo: Así es, sin saberlo respondiste a tu nombre, por que tu alma entera sabe que esa eres tú, Ais Atnaf corrió con Zilef, lo abrazó, el mar la empujó y con voz fuerte mirándolo de cerca a los ojos, y hablándole al alma
-Sin definirme anduve, pero siempre supe que encontraría mi lugar, pero mi imaginación nunca me dio alcance para imaginar la grandeza de donde estoy ahora mismo, Zilef me condujiste hasta aquí, Ocinú me llevó al palacio y me llenó de alegría, fui anónima esa tarde, cuando nadé con las ondinas en aquel estanque de azulejos creí que estaba soñando, es por eso que al Sol siguiente creí que no había sucedido, hoy frente a ti, comprendo que somos reales, que has salido del palacio a buscarme, que vives, y que hoy el mundo sabe que nos hemos encontrado.
Ambos miraron el horizonte y supieron que quedaba mucho que recorrer.
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