Los amantes.
En silencio, van de la mano, ellos y la noche, van los amantes.
Van juntos por calles desconocidas, creen que nadie los
mira, pues van realmente concentrados en ellos mismos, pero yo los miro, los
miro con la atención que miraría una historia mía, y repaso cada uno de sus pasos como si estuviera en el lugar de
alguno de ellos, de ese par de amantes.
En la noche, ahí van, un par de amantes, que no se juran
amor, pues saben que no es coherente, que no se juran nada más que la eternidad
de esta noche, y ambos se notan conformes con eso, con aquella promesa, con
este instante.
Se besan, despacio, sin tiempo, sin compas, como si cada
beso fuera delineado con pincel y descrito con exactitud con las letras
correctas, se besan, sin música, sin acompañamiento, el uno con el otro, en un
semáforo se detienen y hacen de la espera un beso, la luz verde esta ya, ellos
no lo notan pues aún no han terminado de culminar su espera.
Y ahí van, un par de amantes, que se miran, que caminan que
se besan.
Ella se ha detenido a mirarlo, lo mira con ansias, como si
buscará alguna respuesta, lo mira como si él fuera un desconocido, y al ver que
no hay respuesta, lo besa.
Él, la mira, la toma de los hombros, la mira como si fuera
la primera vez que la mirara, con confusión,
como si fuera aún más desconocida y abismal de lo que ya en esa noche
es, la besa.
Toman el mismo camino, pero en un punto ese camino se
separara, pues así es la situación de los amantes, al día, sin importar un
mañana, sin importar si existe un camino más allá para recorrer.
Un encuentro más, ahí va él, ahí va ella, entonces dejan de
ser ellos, para volverse el mismo par de amantes, que se abrazan, que se miran
solos, en silencio, sin ruido.
Donde el mundo solo
se vuelca para verse solo a ellos sin importar quién o qué está detrás de
ellos, de sus historias, entonces, es ahí donde está la situación de amantes,
pues están solos, por un instante solo son ellos y nadie más, solo ellos y su
gusto por el otro.
Una vez más, observo su andar, sus miradas, quisiera
escuchar sus palabras, ella sonríe, el también, guardan secretos en sus
miradas, una vez más se besan, se abrazan, y con la sencillez del momento se
necesitan.
Es hora de decirse adiós, se miran con recelo con tristeza,
y con una fuerte alegría, pues una vez más ese par de amantes logró un cálido
encuentro una vez más sus emociones, los llevo hasta donde han llegado hasta el
momento.
Se besan, sin importar el mañana, se necesitan por el
momento, se cuentan secretos, la pasan bien, la tarde se ha empezado a
despedir, ella arregla su cabello, se acerca, él, la acerca, la toma por la
cintura, un último beso, largo e inédito, un abrazo fuerte, sus miradas se
cruzan una última vez, con la incertidumbre de un próximo encuentro, el viento
sopla, sus caminos se dividen, pero aun así, los caminos tienen algo en común,
ambos caminos, son de un amante, de una amante, de un secreto con olor a
caricia.