Busqué encontrarme con el destino.
Le busqué y le busqué, pero no lo logré.
Creí poder hallarle bajo una sábana, o en el acorde de alguna melodía, me paré en la orilla de un edificio, tal vez el aire se lo habría llevado y en lo alto yo podía encontrarlo.
Le busqué día y noche, en las tardes después de la comida, entre ratos en mi mente, no, no estaba.
¡Destino! le exclame mil veces, quería que se acercara a mi y me besara, ni siquiera me rosaba, Trate de seducirle con las más grandes hazañas, y nada, el no llegaba.
Por la noches antes de dormir le soñaba, le imagina, alto, fortachon, lo imaginaba como algunos de mis amantes, soñaba que un día tocaría mi ventana me acogería entre sus brazos, y escaparíamos juntos, y la historia sonaba mejor aún después, él y yo, el destino, y un ser humano, corriendo, adulandonos, retando a la propia vida.
De pronto dormía y dejaba de pensar en el destino, hasta que amanecía, y me volvía a encontrar soñando que podía encontrarme con él.
Fue entonces una tarde, ya no sé si de verano, o si la tarde ya estaba siendo devorada por la noche, pero el destino toco a mi puerta le abría sorprendida, y en un momento se capturo la vida, el destino resoplo en mi oído, me tomo de las manos y me llevo con él, me llevó a recorrer fotografías canciones, paisajes, personas, y todo me era tan familiar, tan peculiar, entonces me di cuanta de donde había estado.
El destino era quien me llevaba, y me había llevado a recorrer mi vida, cada momento cada instante, y al final me llevo a un espacio blanco, donde me concedió el poder de hacerme infinita, pues "El destino" Ya había ido por mi, el destino que siempre busqué estaba frente a mi, la muerte de mi cuerpo, frente a mi alma eterna, lo que siempre busqué siempre estuvo oculto bajo la palabra muerte, y ahora que lo tengo frente, le disfruté, y recorría todos los momentos que viví, y llegué a la infinita incertidumbre.
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